“Una es más auténtica, mientras más se parece a lo que soñó de sí misma”

Recuerdo que esta frase marcó mi vida, cuando ví la película «Todo sobre mi madre» de Almodovar, a mis muy adolescentes 15 años. Estaba en la fase cumbre de mi vida hasta el momento, había logrado perder todo mi peso de sobra después de una infancia bastante redonda, tenía mi primer novio serio y estaba en mi año de los 15 de fiesta en fiesta. Nada podía estar mejor.

Aun así, la niña rellenita que estaba en mí, parecía no haber dejado de existir y saltaba cada vez que alguien hacía un comentario, mis amigos más crueles parecían olerlo y los hacían simplemente para ver mi reacción y reírse un poco. Hoy día veo las fotos de mis 15 y no puedo creer que en algún momento me hicieron creer que todavía estaba gorda. Cabe acotar que soy Venezolana y es considerable tomar en cuenta los estándares de belleza del lugar y la genética promedio que después del petróleo y de Chavez nos da conocer como el país de las mujeres más bonitas del mundo… no pretendo afectar sensibilidades de otros países, pero tenemos récord Guinness de Miss Universos. Imagínense lo que significa crecer allí como una niña rellena.

Recuerdo que estoy a dieta prácticamente desde los 7 años, cuando el médico le dijo a mis papás que ya estaba un poco pasadita. Y la verdad es que me encantaba comer, lo explico para que no culpen a mis padres, ya que fácilmente podía comerme 3 platos de pasta si me dejaban. Recuerdo soñar con despertarme y que mi koala permanente un día desapareciera de una vez por todas y simplemente poder vestirme rápido y sentirme cómoda con unos jeans a las 3 de la tarde jugando a la pelota. Resulta extraño pensar que una niña tuviera todos estos pensamientos pero la verdad es que me acosaban como un mosquito.

Buscando respuestas o a veces siquiera sin pedirlas, recibía todo tipo de consejos bien intencionados, comentarios, ofensas crueles e indirectas con respecto a mi peso. Recuerdo que mi mama siempre me defendió de los bromistas y me decía que no estaba gorda y mi papá siempre me dijo que no tenía que darle importancia y que era culpa de él por haberme enseñado a comer de todo como buen italiano. Todo mi entorno aportó a su manera: «Lo que importa es la actitud», «Si no le das importancia ellos dejarán de dársela», «Hay que tener disciplina si se quieren lograr las cosas», «Si tu quieres puedes cambiarlo», «No eres gorda, eres de huesos grandes…» y bueno siempre había un niño cruel que te soltaba en la clase de gimnasia «pareces una bola de grasa».

La verdad no recuerdo haber estado tan gorda, no era obesa, lo cual afectaba más porque entonces no entendía la reacción de los demás y me frustraba muchísimo. Hasta que un día me harté y decidí perder el peso. Pasé dos meses comiendo ensalada y pescado y finalmente baje esos 8 kilos de obesidad que tanto me torturaban.

Era como esos programas de la tele en qué hacen tus sueños realidad. Era como la atracción del verano, todo el mundo sentía curiosidad por ver a la que ahora era Claudia la flaca, y aunque ahora ya no lo recuerden, sumados uno a uno, era una ola de comentarios positivos que se convirtieron en una droga para mi. Finalmente me sentía feliz, en control de mi vida, no tenía que hacer un esfuerzo inmenso para todo, cosas buenas, interesantes y divertidas simplemente me pasaban, mis amigos ya no se burlaban de mí, de hecho a veces yo me burlaba de ellos, tuve mi primer beso y mi primer novio que duró un mes en el que nos habremos visto 2 veces… era como si todo estuviera siguiendo su curso natural.

En realidad lo que cambió no fue solo mi peso, sino mi forma de ser, ahora que me sentía conforme con mi cuerpo. Y ese sentimiento de satisfacción no podía conseguirse de otra manera que no fuera perdiendo el peso. La reacción de los demás no se puede manufacturar, a menos que decidas empezar a alucinar y despegarte de la realidad. Y para aquellos que dicen que no les importa para nada lo que dicen los demás les reto a que salgan a correr desnudos por la calle. En este punto de mi vida he llegado a saber que no dejaré de hacer cosas que quiero por lo que piensen algunos, pero sería hipócrita decir que no me importa para nada. La cosa es que es más importante para mí eso que quiero que lo que van a decir y entonces tengo la valentía de soportarlo.

La cosa es que simplemente tal vez aquellos que te dicen «La actitud es lo que importa» tienen razón. Pero en esa frase sabia, lista para twittear, se olvidan de incluir un serio pedazo de información. La «Actitud» no se consigue presionando un botón. Todos te hablan de la actitud y del estado de ánimo como si fuera algo completamente controlable y de forma instantánea por nosotros mismos y la verdad es que para algunos si no para todos, requiere años de trabajo encontrar tu verdadera «Actitud». Esa cosa sin forma que vive dentro de ti y te hace ser como eres, tomar las decisiones que tomas, reaccionar como reaccionas, vivir como vives, sentir como sientes con respecto a los demás y hacia ti mismo, ser quién eres.

Un año después, pasé de moda y las cosas comenzaron a cambiar. Lo raro es que no había engordado, pero mi gordita interna estaba como loca gritando «¡¿Por qué?! ¿Qué fue lo que pasó?»

«¿Qué fué lo que pasó?» Una vez conseguida la pérdida de peso, fuí el centro de atención por un rato porque me puse de moda pero luego esto pasó, como es natural, y yo no entendía a donde se habían ido mis 5 minutos de fama. Me tocaba adaptarme otra vez, sin todo el tsunami de atención y me costó bastante entenderlo. Aun así, sin haber tenido estas experiencias, nunca sería quien soy hoy ni podría contar esta historia con la que a veces me rió y a veces lloro con la misma intensidad.

A esto me refiero con que es parte y parte. Obviamente hay algunas personas que logran superar sus complejos sin necesidad de eliminarlos pero es algo que también necesita participación de los que están fuera de tu cabeza y es muy difícil de hacer. Para mi este grupo que lo logra se merece una medalla olímpica.

Para mí la actitud no es algo que se forma de una manera meramente interna. Tu entorno tiene muchísimo que ver, especialmente cuando eres un niño, inocente a muchas cosas, aprendiendo y recibiendo información todo el tiempo. Lo increíble es que precisamente estos primeros años son los que más influyen en tu personalidad, y aún cuando eres un adulto el entorno tiene un efecto instantáneo en tu actitud. Hasta el comentario más inesperado del indigente de la esquina, diciéndote «estás muy bonita hoy» afecta tu actitud. Incluso el hecho de que te diga algo más fuerte la afecta… incluso a veces internamente es bien recibido aunque se niegue hasta la muerte.

Entender quién eres, qué es lo que deseas de ti misma y hacer las paces con lo que ven los demás en relación a las dos anteriores, es una parte fundamental de conocerte y entender qué es lo que te hace vivir feliz. Todo eso conforma esa actitud que te acompaña siempre y que funciona como un código que te permitirá vivir satisfecha. Gracias a ella, sin importar las adversidades antes o después podrás superarlas, porque confías en que haz hecho lo mejor que podías hacer.

Esa actitud nos permite comunicar al mundo de la forma más auténtica, nuestra esencia, hace las paces entre quienes somos, qué queremos ser y cómo queremos ser vistos, nos permite mostrar lo mejor de nosotras mismas. Obviamente nadie es perfecto, pero creo firmemente que nos permite ser lo más honestas que podemos en cuanto a nuestra personalidad, sin tanto miedo a lo que pueda pasar.

Por esta razón pienso que nuestro mundo externo es tan importante como el interno, e influye directamente en lo que queremos lograr. Esto no significa que estamos condenadas a eventos aleatorios por los que no podemos hacer nada. Podemos controlarlo poco a poco con la mente, y con pequeñas acciones que nos permitirán hacer cambios reales en el exterior. Por supuesto nunca olvidando el interior.

Relacionarnos con personas con puntos en común y que traen alegría, apoyo, amistad, buenos momentos a nuestras vidas, alejarnos de las personas que solo nos trae negatividad;

Cultivarnos, aprender a pasar tiempo a solas haciendo lo que nos dé la gana y al mismo tiempo combinarlo disfrutando y divirtiéndonos compartiendo tiempo con amigos creando nuevos recuerdos;

Calmar la frustración o la rabia descubriendo las pequeñas cosas que nos gusta hacer y que solamente haciéndolas podemos sentirnos un poquito mejor, desde una caminata por el parque hasta leer un libro, meditar, ver una serie o una película, hablar por teléfono, hacer deporte, escuchar música o irnos de compras, lo que sea que implique una acción que haga sentir dentro de ti instantáneamente que la vida tiene más color. Aunque lo neguemos todos sabemos de algo que nos alegra instantáneamente, así sea comernos un chocolate. No digo que nos dediquemos a ponernos obesos o a vaguear, digo que en cada uno de nuestros días nos merecemos tener un pequeño momento de felicidad y no está mal ponernos estos pequeños premios.

Descansar, Viajar, conocer y probar cosas nuevas, pasar tiempo con nuestra familia para entender nuestras raíces y si es necesario pelearnos con ellas pero también reír, resolver un problema, ayudar, descubrir lo que somos capaces de hacer, por nosotros y por los demás, conocer nuestros límites y potenciales, entender lo malo y si es posible cambiarlo y si no aceptarlo y sobretodo adorar lo bueno, enamorarnos de nosotros mismos, con lo bueno y con lo malo;

Perder la desesperación y las ansias, el miedo a la soledad, obviamente nadie quiere estar solo, hasta la persona más exitosa quiere compartirlo con alguien, pero cuando entendemos que somos increíbles nos damos cuenta de que las probabilidades son muy altas de que en cualquier momento aparezca una persona igual de interesante en nuestras vidas y si no igual lo pasaremos bien hasta que llegue… y el miedo se va.

Pintarnos la vida de colores, pintarnos nosotros de colores, sentirnos al máximo, comenzar a tomar acción en el cambio, es el inicio de todo. De esa forma nos veremos y nos verán distintos.

Arreglarnos para sentirnos la mejor persona que podemos ser, sin importar que no seamos perfectos, seremos la mejor persona que podemos ser;

Conociéndonos, entendiéndose, aceptándonos y buscando conseguir lo que nos hace realmente felices, por todos los medios que podamos; para mi estamos en la búsqueda de la felicidad, que vas disfrutando no solo cuando llegas sino durante todo el camino, duela o no.

Acerca poco a poco, tanto interna como externamente aquello que eres de lo que quieres ser, disfruta del viaje y sé cada vez más auténtica.

Este es nuestro mensaje y siempre que necesites un apoyo estaremos aquí para acompañarte en el camino.

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